zenizas

 

EBRIO de lujuria, de juventud transgresora,

de henchida hermosura, ondulaba tu cuerpo.

Parecía como si todo volviera a estar vivo,

como si la vida inundara

los rincones más recónditos del tiempo.

Yo apuraba hasta el último poso del placer

mientras tu belleza ardía por fuera y por dentro.

Era tu sexo un volcán que estallaba en la cumbre

sobre todos mis miedos.

Breves gotas de rocío mojaban las sábanas,

como limpias verdades que olían a tus besos.

 

 

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