beso

 

SABOREÉ tu corazón con mi lengua.

Jamás había escalado antes nada tan profundo.

No sé si era cuerpo o alma esa suave encarnación que palpitaba

y se abría estremeciéndose ante mis besos,

sensible, mojada y cálida como una herida,

asustada como una niña, tirando de mí,

llevándome adentro, hasta lo más íntimo y virgen de tu sexo.

Hay tanta belleza en tu luz como en tu oscuridad,

y prodigas milagros de amor con esa exuberante juventud

que endurece tu carne y ablanda tu mirada.

 

Publica un comentario

Tienes que estar conectado para publicar un comentario.