feo

 

 

Achaparrado, nublado, garrulo,

baja la calle con sus andares simiescos,

la mirada torva, roedora, desconfiada, pícara, perruna,

el pensamiento huraño, obtuso, el habla estólida,

la cabeza calva, dura, la piel cetrina,

la expresión violenta, cerril, la nuca peluda.

Es de una raza ínfima, rastrera, mezquina, porcina, perjura,

que se mea en el portal del vecino, que escupe en el suelo,

que sigue avanzando cuando se acaba el sendero.

Su árbol genealógico debió ser abonado con sangre infectada

de sarna, de tiña, de bestialismo, de inmundicia.

Se cruza en la acera con una muchacha que resplandece

como el sol en la cresta de las olas,

ella tan naturalmente guapa, él tan ibéricamente feo,

y me pregunto si los antropólogos no andarán equivocados

en los más primarios conceptos.

 

 

 

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