la manzana de eva
LA MANZANA DE EVA
Olía a fertilidad, a hierba recién cortada, a catarsis, a flores frescas, a rosas, el mareante olor de las rosas, una densa, demencial y exuberante miscelánea de olores, de savia, de polen, un olor voluptuoso, henchido, selvático, jadeante. sofocante, excitante, casi doloroso, como los rebosantes pechos de una madre recién parida.
Cuando salió de la sacristía, aquel olor le golpeó como un tifón a un pequeño velero.
La vio sobre un reclinatorio colocando las flores a los pies de la virgen. Su largo y bruñido cabello se derramaba por la espalda. No había nadie más en la iglesia. Se inclinó para coger un ramo y entonces dejó ver su cara, un rostro precioso, limpio, incólume, virginal, las mejillas le ardían y los labios se entreabrían muy rojos, carnales y húmedos. Los grandes pechos subían y bajaban bajo la ajustada camiseta. Las caderas anchas, calientes, conteniendo toda aquella lozanía de hembra joven. Las nalgas redondas, grandes y prominentes, como el sol cuando nace sobre el horizonte. Tenía las pequeñas manos manchadas del blanco esperma que derramaban los tallos cortados.
Estaba hablándole a las flores con una voz llena de miel:
- Qué bonitas estáis, lilas, qué grandes, qué bonitas-
Él sintió que todo su mundo se derrumbaba por dentro. Columnas romanas, dogmas de fe, imágenes sagradas, libros polvorientos. Todo caía con gran estruendo a los pies de aquel instinto primario. Tuvo ganas de llorar, de rezar, de poseerla con rabia ciega, de matarla. Aquella hermosa muchacha, aquella pasión tan largamente reprimida era su cruz, su pena, su condena. Necesitaba respirar, salir de aquella sobrehumana y claustrofóbica obsesión. De repente, algo dentro de él le reveló que había llegado el momento. No había nadie más en la iglesia, las puertas estaban cerradas. El corazón parecía que se le iba a salir del pecho cuando se puso a caminar hacia ella con pasos sigilosos, como los de un tigre acercándose a su presa. Deseaba vomitar, polucionar, morirse. Al llegar bajo la escalera, la muchacha se volvió sobresaltada y lo miró con sus bellos ojos muy abiertos. Un infierno ardía entre los dos.
Publica un comentario
Tienes que estar conectado para publicar un comentario.