milagro

 

Se detuvo en el umbral de la puerta,

rezumando, rebosando, oliendo a  voluptuosidad.

El sol de la mañana sobre su pelo,

y un calor sexual enrojeciendo sus mejillas,

dilatando sus labios, iluminando sus ojos,

vivificando sus delicadas manos,

humedeciendo su carne henchida.

Bajo su camiseta palpitaban sus altos y redondos pechos,

y el pantalón ceñido dibujaba la apasionante curva de las nalgas.

Un cuerpo lleno de vida, de verdad, de victoria.

Todo en ella era fuego, hermosura, inocencia y juventud.

Como tantas veces, contemplé aquel milagro de niñamujer

sin saber si desnudarla o salir corriendo,

mientras ella me sonreía desde el cenit de la belleza,

como diciéndome que la vida es mucho más que carbono y tiempo.

Jamás pude resignarme a la certeza

de que sin mí el sol seguirá saliendo.

 

 

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