el hijo pródigo

EL HIJO PRÓDIGO

 

Sabes, hijo, que esta es tu casa.

Que yo jamás empuñaría contra ti el puñal

aunque Dios me lo mandara.

Que por las noches lloro en silencio tu ausencia,

y muero cada día contemplando el mar por donde te alejaste,

sin saber si perdiste el rumbo, si saber si naufragaste,

sin saber si estas solo, o encontraste unos brazos donde cobijarte.

Siento el vacío de una amputación

donde antes latía un corazón rebosante.

Con los ojos vendados alrededor de la noria de la subsistencia,

a veces en pie, a veces hundido, sigo esperándote.

 

 

Publica un comentario

Tienes que estar conectado para publicar un comentario.