pasión prohibida
CRUZ NEGRA
Acechando en la oscuridad,
sediento de sangre de vírgenes,
las venas ardiendo y un tufo de muerte en la boca,
esperó a que la niña se quedara dormida
para apoderarse de sus sueños.
No la salvaron las oraciones
ni el ángel de la guarda de su cabecera.
Aunque igual de hermosa, ya no es la misma,
la infectada herida del amor sangra por dentro en silencio.
Disimula en la mesa cuando su madre le trae el desayuno,
mientras una sombra de dolor oscurece la luz de su risa.
Nunca sospechó que hacerse mujer fuera tan triste.
Camina de día por la calle abrazando sus libros,
pero al caer la noche vuelve a ser clavada
en la cruz negra de una pasión vergonzosa.
Ahora sabe que la vida es impura, injusta, ingrata,
y que el milagro de la felicidad sólo ocurría algunas veces
en aquellos cuentos de la infancia.
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