besa, ama…
Despliega las velas de tu lujuria
y llévame lejos de todo.
Donde no nos alcance la muerte,
ni la vejez, ni la decadencia de los recuerdos.
Mira que tu belleza es arena en la orilla del mar,
que el tiempo es un cáncer
que se esconde tras tu rotunda juventud.
Besa, ama, fornica,
mientras veamos esa luna en el cielo,
y sean dos fuegos tus ojos
en mis frías noches de invierno,
mientras la fiebre enrojezca tus labios,
y brote y estalle y florezca de vida tu cuerpo.
“Por amor de Dios, qué hora es” Preguntó la momia de Paracas a la vigilante de sala del museo…
Publica un comentario
Tienes que estar conectado para publicar un comentario.