despojos

 

 

La vi a lo lejos,

subía la calle con esos andares juveniles y seductores que tanto me gustaban,

como un remolino de polen que arrastra el viento.

Han pasado muchos años

y aquellos sueños altos y frondosos como árboles,

se fueron marchitando como pétalos entre las páginas de un libro.

Ya lo habrás olvidado,

me dijiste “nunca te olvidaré”,

con esos ojos que eran dos lunas crecientes.

Dejé que se alejara,

no fuera a ser que volviera la cabeza

y viera el despojo en que me he convertido.

Entre al bar dando tumbos, solo, viejo, vencido, como todos los días,

mientras ella se alejaba como un luminoso cometa,

que tal vez ya nunca jamás volverá a aparecer

en el ocaso de mi vida.

Publica un comentario

Tienes que estar conectado para publicar un comentario.