una mañana de febrero
UNA MAÑANA DE FEBREROEl viudo entró en la papelería. Era una fría mañana de febrero. El viudo llevaba levantado el cuello de la pelliza. Gafas de aumento ahumadas y una gruesa nariz que parecía un churro. Sacó de la cartera una tira de fotomatón, compuesta por dos fotos de carné superpuestas, donde sonreía una rubia marchita que conservaba vagos fulgores de belleza, en medio de una expresión demente y senil. - Se está estropeando de tanto sacarla de la cartera- explicó el viudo a la chica de la papelería, una morena muy guapa de rostro aniñado- a ver si se puede plastificar- - Sí, pero la máquina tarda un cuarto de hora en calentarse– Bueno, entonces me voy mientras al cementerio y ahora vuelvo-El viudo volvió antes de que la máquina se hubiese calentado. Esperó mirando los anuncios del tablón.- Un coche así, pequeño, que gaste poco, me haría falta a mí para ir a la playa- dijo el viudo.La chica acabó el plastificado y con sus manos pequeñas recortó los picos para que no pincharan. El viudo tomó la foto, la contempló asintiendo con la cabeza, la besó con suave devoción y volvió a guardársela en la cartera. Levantándose más el cuello de la pelliza, salió de nuevo a la calle. Una adolescente que había hecho novillos en el instituto, hablaba por el móvil sentada en los escalones de un portal.- a ver que me vas a regalar, mañana es San Valentín- El viudo miró a derecha y a izquierda. No tenía a donde ir, ni qué hacer, se sentía como un planeta muerto que seguía girando por inercia alrededor del sol. Tenía la sensación de que, desde que ella murió, sobraba en el mundo, como un árbol seco que se empeña en seguir de pie. Pronto sería primavera, pero el ya no tenía ilusiones con las que engañarse. Con paso renqueante, se dirigió a la tienda de los chinos a comprar el pan.
Publica un comentario
Tienes que estar conectado para publicar un comentario.