demonios en la mente

 

 

 

DEMONIOS EN LA MENTE 

Pero yo sé quien ha organizado esto, están por todas partes, dentro y fuera, mira, todas las cajeras del Mercadona me conocen, las llaman por teléfono para saber cuánto he gastado, qué he comprado, en la cola siempre hay alguien detrás de mí vigilándome, pasando información por el móvil, si voy en el coche siempre hay uno que se me pone delante y reduce la velocidad, ¿por qué?, no es casualidad, claro que no, en Sevilla, en Valencia, vaya a donde vaya siempre hay alguien vigilándome, mira, si cargo el móvil en un cajero siempre hay un moro detrás de mí apuntando mi número, y luego me hacen llamadas amenazándome, oiga, señorita, le dije a la de la telefónica, ¿alguien más tuvo este número antes que yo?, no, este número sólo lo ha tenido usted, pues entonces, ¿por qué todo el mundo sabe mi número?, saben donde vivo, lo que gano, lo que gasto, quieren quitármelo todo, quieren quitarme hasta la vida, y yo sé quien ha organizado todo esto, no soy tonta, mira, por la acera me empujan para que me atropelle un coche, me mandan a muchachos fuertes, altos, incluso guapos, me dan así con el hombro para echarme a la calle cuando pasa un coche, ah, y no te lo he dicho, mira, esto que quede entre tú y yo, que no nos oigan porque están por todas partes y seguro que han puesto micrófonos aquí también, hay uno con un coche fúnebre que aparca en frente de mi casa, ¿por qué me mandan un coche fúnebre? ¿qué señal puede ser más clara que esa?, se esconde, se agacha en el asiento, así, así, para que no lo vea, y se asoma un poco por la ventanilla, vigilándome, pero yo lo he grabado todo, lo tengo todo grabado, la policía no quiere hacerme caso, tienen instrucciones contra mí, mira, pasé junto a una obra y a un albañil que me estaba vigilando le pregunté muy educadamente: ¿por qué me está vigilando señor, quién le envía?, se puso como una fiera, claro, como que lo había descubierto, oiga señora, que yo estoy aquí encofrando, déjeme en paz y váyase a la mierda, será tía loca, si, si, encofrando, ya, no duermo ¿sabes? ¿qué es dormir?, y tanta gente buena que se muere, mi hijo que se me murió con veinte años en un accidente de coche cuando estaba haciendo  la mili, un ángel, nunca le hizo daño a nadie, era bueno y por eso se murió, ellos son malos, mala gente que vive sólo para hacerme daño, para hablar mal de mí a mis espaldas, ¿por qué no emplean su tiempo en otra cosa más productiva?, porque están mandados por alguien que yo me sé, me miran por la calle, susurran, conspiran, en las terrazas se vuelven cuando me ven pasar y comentan mira, mira, ahí va esa, sí, sí, es ella, pero yo sé quien los envía, cuando entro en un bar todos se callan y se me quedan mirando, murmuran, comentan, hasta los negros, y los perros por la calle me ladran, se creen que no me doy cuenta, cuando salgo de mi casa me pregunto ¿qué me va a pasas hoy, Dios mío, qué me van a hacer hoy?, y el del coche fúnebre escondido debajo del asiento, no sabe que lo estoy grabando, pero yo lo grabo todo, que se sepa quien es aquí el delincuente, yo no soy una delincuente, la policía tiene instrucciones concretas contra mí, me paran cuando voy en el coche, me registran, tomad, les digo yo, aquí están mis papeles, todos, les abro el bolso, la guantera, el maletero, ¿queréis más?, sé quienes sois, sé quien os envía, pero no se va a salir con la suya aunque os envíe a todos juntos, venga señora, circule, me dicen los espías disfrazados de policías, ¿por qué no me dejáis en paz?, el alcalde me llama por teléfono amenazándome, quieren mi dinero, y matarme, sé que me van a envenenar cuando esté tomando café en el Tapeo, o me echarán algo en la comida, alguna cajera del Mercadona mandada por alguien, ellos son muchos y yo estoy sola, mis vecinos no me saludan, pero murmuran a mis espaldas, mírala, esa es, esa es, no es casual, es porque tienen instrucciones, se mean en mi puerta, tiran piedras a mi ventana, me ahojan los rosales, no es casual, todo está orquestado, se ríen de mí, mira esa, como si estuviera loca, porque saben que los he descubierto y dicen que estoy loca, sé quien los envía, me vigilan, todavía no han entrado en mi casa, pero ya he visto huellas de pisadas en el jardín, y el del coche fúnebre enfrente de mi casa, enviándome una señal, ¿qué harías tú si te pusieran un coche fúnebre delante de tu casa? ¿qué significa eso? ¿puede haber una señal más clara que esa?, y el moro que se pone detrás de mí en el cajero, no, no es casualidad, nada es casual, son demasiadas casualidades, todo está bien organizado, vaya a donde vaya, tanto si es en el pueblo como si es en la ciudad, todos me conocen, saben quien soy, yo no sé cómo se llaman ellos pero ellos sí saben mi nombre, ¿por qué?, todos tienen órdenes precisas contra mí, si yo no conozco a nadie ¿por qué todo el mundo me conoce a mí, leches? ¿qué mejor prueba que esa? si voy de viaje a Andalucía y paro a echar gasolina, siempre paran dos o tres detrás de mí, dan vueltas, miran para otro lado disimulando, sé que los han enviado para vigilarme,  pero bueno, tengo mi número de lotería de navidad, un número que quieren robarme porque saben que saldrá premiado con el gordo, ya ha pasado más veces, pero el número es mío, ¿no?, he hecho quinientas fotocopias para que se sepa que es mío, este número pertenece a María Isabel Díaz Bonilla, lo he enterrado en el jardín, por eso hay huellas, porque están haciendo hoyos buscando mi número, y de paso para enterrarme a mí, es lo que significa la señal del coche fúnebre, ¿por qué se desgastan las piedras hasta convertirse en arena? porque tienen cáncer, y si las limpias con un trapo las contaminarás, no, no es casual, nada es casual, el mar se tragará la tierra, todo está bien orquestado y yo sé quien los envía, sé el porqué de todo esto, bueno, me voy, je, je, je, tú pensarás, vaya rollo que me ha soltado esta mujer, pero es verdad, ahí está el coche fúnebre delante de mi casa, y el moro, porque si yo tengo algo es mío ¿no?, igual que lo que tú tienes es tuyo, cada uno sabe lo que pasa en su casa, ¿sabes lo que quiero decir, no? , a ti también te habrá pasado alguna vez, ¿lo ves cómo es verdad? ellos son muchos y yo estoy sola desde que murieron mi hijo y mi marido, ahora quieren matarme a mí también, todavía no han entrado en mi casa, pero cualquier noche de estas los enviarán a por mí, son como demonios que están por todas partes, dentro y fuera,  y sé quien los manda y porqué… 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA BUENA MUERTE 

Estoy muy cansado. Miro hacia delante y sólo veo cuestas empinadas.Quiero detenerme y sentarme en una piedra al borde del camino.Ya no quiero seguir dando tumbos.Son demasiadas caídas, demasiadas bifurcaciones equivocadas.¡Este paisaje calcinado lo he visto ya tantas veces!La hoja que al caer del árbol se mece,el agua que se evapora,la niebla que se desvanece,son señales que evocan la esencia de todas las cosas,son señales de LA BUENA MUERTE 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

dos mas dos cinco

 

 

 

 

 

DOS MAS DOS CINCO 

- ¿Y qué le iba a hacer? tengo setenta y ocho años y ya no quiero estar sola, ya estaré sola en el cementerio, necesito estar con gente, yo no me meto en la vida de nadie, allá cada cual, ni me gustan los cotilleos ni me gusta hablar mal de nadie, lo que quiero es estar con gente, en mi casa las paredes se me venían encima, depresión tras depresión desde que murió mi marido, y llorar y llorar, hasta que un día me caí de dolor en la carnicería y me rompí la cadera, aquí estoy mejor, no me acuerdo tanto de mi Cipriano,me distraigo, sólo he tenido un hombre en mi vida, me enamoré a los dieciocho años y él también se enamoró de mí y nos casamos, pero a los cinco años se me murió el pobre, yo entonces tenía ya veintidós y sin hijos, y desde entonces sola, las depresiones que son muy malas, y llorar y llorar y echarlo de menos, podría haber tenido otro hombre, el que quisiera, me pretendían, hasta me escribían cartas, pero yo no quiero más hombres, ni el olor siquiera, la vida es muy dura, oye, quien se cree que es feliz que espere, ya le tocará, ya le tocará, a todo el mundo le toca--          ¡Tú lo que quieres es que te lo den to hecho, lo sa jodío, por eso estas aquí, se vive más cómodo con todo hecho, ¿o no Piedad?,  tú lo que tienes es mucha cara!- La interrumpió con voz chillona un demente precoz, enclenque y con una gorra de la NBA calada hasta los ojos que llevaba ocultos tras unas gafas oscuras.La viuda que no quería estar sola no respondió. Con sus gafas de culo de vaso miró por la ventana. Estaba anocheciendo. Llovía sobre la fuente del jardín.-          ¿Y tú qué sabrás?- Intervino en defensa de la viuda una vieja muy gorda con las manos trémulas apoyadas en un bastón- ella está aquí porque no tiene a nadie en la vida y no es fácil encontrar a una persona que te cuide bien--          Tuve varias internas y ninguna me salió buena- se animó la viuda de las gafas de aumento- no querían limpiar ni guisar, sólo cobrar y comer, mayormente la última, que no quería ni lavar las cortinas, ¿por qué no lavas las cortinas, Rosa?, le dije, porque es verdad, oye, las cortinas hay que lavarlas por lo menos dos veces al año, doce meses ahí colgadas es mucho tiempo, cogen hasta bichos, pero nada, ni caso, parecía que ella era la señora y yo su sirvienta--          ¡Es que es muy cómodo estar aquí sin hacer nada- volvió a la carga el de la voz chillona- ¿tengo razón o no tengo razón, Piedad?- Añadió dirigiéndose a una vieja que tenía la boca abierta y la mirada perdida y doliente.-          Bueno, déjenlo ya, ¿no?- Intervino un viejo con bigotito militar y los pies amoratados, que hasta ese momento parecía dormitar en su sillón.-          ¡No me da la gana dejarlo, joder,- se enfureció el de la voz chillona- si no te gusta lo que digo te vas a la puta calle y ya está, se acabó, a mí nadie me manda callar, esta mujer sólo dice gilipolleces, ¿tengo razón o no tengo razón, Piedad?, y no me de con el pie por debajo de la mesa, madre!-Entró una auxiliar con un paquete de pañales en la mano.-          Quien se va a ir a la calle eres tú, Olegario, ten un poco de consideración con los demás residentes, se te oye desde recepción, y quita los pies del sillón ahora mismo--          ¡Quiero irme al baile!- Gritó una demente senil con la cara muy blanca y los pelos revueltos.-          ¡Mirar, un coche sin conductor!- Exclamó una loca de ojos hueros y cara arrugada como un higo, que llevaba un buen rato mirando por la ventana contando los coches que pasaban-“A los que deseen un mundo mejor para todos, en la Caixa le ayudamos a hacer realidad sus sueños” Proclamaba un anuncio navideño en la televisión. -          Los romanos tenían trenes de madera- Añadió la de los ojos hueros y la cara de higo.-          ¡Amo a Dios y a la Virgen!- gritó la que momentos antes se quería ir al baile- ¡dos y dos cinco, cinco y dos diez!- Se puso a cantar con voz de falsete, como una colegiala repitiendo la lección.Un lisiado que estaba tan doblado que parecía plegarse sobre sí mismo, con una nariz muy larga que casi barría el suelo y una mirada ruin y retorcida, apoyado en su muleta atravesó el salón como una sombra siniestra de camino al comedor.Por unos instantes volvió a hacerse el silencio.En la televisión, dos chicas se bañaban desnudas en el mar.Una auxiliar rechoncha y con un diente podrido, empezó a alinear frente a la puerta del comedor, a los asistidos postrados en sus sillas de ruedas.-          Y quien se crea feliz que espere a hacerse viejo, ojalá no hubiera nacido -De repente, un pulpo gigante atrapó con sus tentáculos por una pierna a una de las chicas que se bañaban en el mar. -          ¿Te crees que si doña Luciana hubiese tenido hijos sería distinto?, Yo tengo cuatro y mírame, aquí abandonada en la antesala de la muerte, los hijos y los padres acaban siendo casi siempre unos extraños- Sentenció una vieja, vencida en postura fetal sobre la silla de ruedas.-          ¿Tú eres el de los petardos?- Preguntó el de la voz chillona a un joven que apareció en el umbral de la sala de visitas, pulcro y perfectamente peinado con la raya en el lado derecho. -          No, el de los petardos es mi padre, yo soy gestor- -          Somos seres miserables y no nos quiere ni Dios misericordioso, lo sa morao- Se lamentó una vieja con las manos cruzadas sobre el pecho.-          ¡Ya saltó la santera!- protestó otra vez el de la voz chillona- aquí to el mundo dice tonterías, ¿tengo razón o no tengo razón, Piedad?--          ¿Cu cu cuando es agosto?, me me me voy a a mi casa en agosto- Tartamudeó una viejecita de aspecto frágil, con una sonrisa estólida iluminando su cara.En la tele, el pulpo, insaciable, corría ahora tras la otra chica.-          ¡Estáis tos gilipollas!, tengo razón o no tengo razón, Piedad!--          ¡Quiero un bocadillo de tortilla con pimientos!-Una vieja tocaba la pandereta abúlicamente, como un autómata al que se le está acabando la cuerda.“Porque ya no hay navidad, y nunca la ha habido ni nunca la habrá”-          ¡Pélame un langostino!- 

 

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Demasiado tiempo lejos.Vuelves ahora después de tantos añosy no reconoces los rostros ni las palabras.No reconoces a tu propio hijo cuando te cruzas con él por la calle,y ya no abre tu llave la puerta de tu antigua casa.Fueron tantos años de excitantes aventuras por esos mares,que aquí, con el día a día, dejaron de llorar tu ausenciay acabaron por olvidarte.No tienes a donde ir ni adonde volver.Viejo guerrero vencido, aviejado como una pasa,como un centenario olivo,eres un fantasma que va de un lado a otroarrastrando una sombra de culpay una jauría de recuerdos que muerden tu corazón al caer la noche.Deja ya de llamar a todas las puertas como viento desesperado.¿No ves que ya nadie te necesita?¿No ves que ya todo es pasado? 

 

 

 

 

 

 

EL EXTRAÑO 

Ya no es de este mundo.¡Fueron tantos años lejos!Algunos, incluso, lo dieron por muerto.Sentado a la mesa con la mirada perdiday guardando silencio,no participa en los brindis, ni comprende el amor ni el humorde esos desconocidos que llevan su mismo apellido.Quiere estar solo,quiere volver a su isla desde donde tanto añoraba.¿Qué fue de aquellos héroes que surcaron los mares?Todos esperaban a aquel varón de agudo ingenioque hacía que las fiestas se alargaran hasta el amanecer.Pero la alegría se petrificó en una mueca de cansancioy en una quietud inerte de todos los nerviosdel que sabe que este será su último invierno sobre la tierra.Poco a poco los invitados van abandonando la mesa,y en los balcones las guirnaldas se mueven con el viento,susurran, crujen, rugen, tiemblan. 

 

 

 

 

 

LA BUENA MUERTE 

Estoy muy cansado. Miro hacia delante y sólo veo cuestas empinadas.Quiero detenerme y sentarme en una piedra al borde del camino.Ya no quiero seguir dando tumbos.Son demasiadas caídas, demasiadas bifurcaciones equivocadas.¡Este paisaje calcinado lo he visto ya tantas veces!La hoja que al caer del árbol se mece,el agua que se evapora,la niebla que se desvanece,son señales que evocan la esencia de todas las cosas,son señales de LA BUENA MUERTE 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

al perderte

 

 

Al perderte lo pierdo todo.Me hago viejo de repente.Siento frío y miedo, como si una hoja afilada apretara mis venas.Cuando queme todos tus recuerdosme estaré incinerando contigo.Ya siempre será de noche.Todas las luces apagadas.Todas las puertas cerradas.Borrados todos los caminos.Solo, en el más atroz sentido de la palabra.Enterrado vivo.Sin más compañía que ese cruel fantasma de la vidaque se empeña en no dejarme,aunque hace tiempo que dejamos de querernosy para mí dejó de tener sentido.Al perderte se cercena el último tendónque me sujetaba a la esperanza.

calipso

 

 

A ELLAS 

Si te hieren ¿es que no sangro?Si te pellizcan ¿a mí no me duele?Si te empujan ¿es que no caigo?Si te besan ¿crees que no me alegro?Y si te ofenden ¿acaso no me vengaré? 

 

 

 

 

CALIPSO 

Calipso fue una ninfa preciosa, blanca, tierna, absolutamente hermosa.El amor la hacía resplandecer, su carne se nutría de brotes de savia,de arroyos, de amaneceres, de besos, de pétalos de rosa.Jamás tocó su juventud la suciedad de la muerteni las ruindades y los resentimientos del mundo.Cuando amaba daba la vida.En sus ojos, en sus labios, en sus pechos, en su sexo, en todo su bello cuerpo que estaba hecho de pura alma,fluía un néctar ardiente de fertilidad…¿cómo decirlo?,un asombro religioso, un reflejo divino, un pálpito milagrosoque las palabras no pueden expresar.Incluso la lascivia en ella era belleza,y las palabras más obscenas, en sus labios se convertían en voluptuosos versos.¡Fueron tantas noches de amor, de lujuria, de arrobamiento,en aquella cueva junto al mar!Pero Ulises tenía el corazón herido.Y el mal de la añoranza ni el amor de una diosa lo puede curar.Ya nunca habrá otra Calipso, porque no hay vida después de la vida.Pero la hubo. Y uno solo de aquellos besos, justifica todo el dolorde que suele estar hecho el corazón humano. 

 

 

 

 

 

LA BUENA MUERTE 

Estoy muy cansado. Miro hacia delante y sólo veo cuestas empinadas.Quiero detenerme y sentarme en una piedra al borde del camino.Ya no quiero seguir dando tumbos.Son demasiadas caídas, demasiadas bifurcaciones equivocadas.¡Este paisaje calcinado lo he visto ya tantas veces!La hoja que al caer del árbol se mece,el agua que se evapora,la niebla que se desvanece,son señales que evocan la esencia de todas las cosas,son señales de LA BUENA MUERTE 

 

muñeca rota

 

 

MUÑECA ROTA 

Has crecido tanto que ya no cabes en tu casa de muñecas.Das tus primeros pasos por el yermo de los adultosy vas conociendo el sabor amargo de las traiciones.Triste muñeca rota, descoyuntada,seca de tus ojos esas lágrimas que no te dejan ver la fútil esencia de todas las cosas.No mires atrás, estás sola en esta aventura de la vida.En un recodo del caminote esperan tus propios problemas, las ilusiones, las desilusiones,los besos, las heridas…

voluntad de vida

 

VOLUNTAD DE VIDA 

El último repecho. Ya se divisaban, entre la niebla, las fantasmagóricas siluetas de los leones de piedra en la cumbre del puerto.Elías Cirigüela, sesenta y nueve años, cerrajero jubilado, tenor en el coro parroquial, ciego de un ojo, pero en plena forma física. Todos los años, el día de Reyes, lloviera o nevara, coronaba en bicicleta el Puerto de los Leones.Cada año era más duro que el anterior. Y es que la edad no perdona. Pero en los momentos más aciagos es cuando hay que sacar fuerzas de flaqueza. La clave està en no pensar, en no hacer caso del dolor, y seguir, seguir por inercia más que por alcanzar una meta, una pedalada detrás de otra, y otra más, la bicicleta dando tumbos, las piernas de corcho, los pulmones resecos como la mojama, adelante, otro poco más, siempre adelante. ¿Por qué lo hacía? Ese es el tipo de preguntas que uno no debe hacerse nunca si quiere continuar adelante. ¿Por qué quiere seguir viviendo un esclavo o un condenado a cadena perpetua? Por pura y simple voluntad de vida.Un buen día, hacía ya muchos años, demasiados, la víspera de Reyes, su amigo Emilio López, el Chichas, le propuso subir juntos en bicicleta el Puerto de los Leones. Y aquella temeraria proeza se convirtió en costumbre. Cuando Emilio murió de cáncer, él continuó solo la escalada, año tras año, pasara lo que pasara en su vida. Y en su vida habían pasado más cosas malas que buenas. En realidad casi todas malas. Su primera mujer murió de cáncer de pulmón. Poco después su hija pequeña fue arrollada por un tren en Entrevías, cuando se dirigía en bicicleta a ver al rey, que visitaba la barriada. Habían pasado muchos años pero todavía parecía que la estaba viendo, con su pelo lacio y esa sonrisa tan parecida a la suya. Y es que los hijos duelen mucho. Después el cáncer apareció otra vez en escena, traicionero y despiadado como un personaje de Shakespeare, para llevarse a Amablito, su hijo mayor. Ya sólo le quedaba Javi, el mediano, el deficiente. Tras unos años muy duros, más duros que cualquier puerto de categoría especial, conoció a Candi, viuda como él y sin hijos. A su lado volvió a vivir, a ilusionarse por las cosas. Se lo había aconsejado su amigo Emilio mientras pedaleaban un domingo por la carretera de Toledo:-          Tú no eres para estar solo, necesitas la compañía de una mujer-Se le vinieron a la mente los años de soledad. Mientras los demás se proveían profusa y alegremente en los supermercados para la cena de Nochebuena, él salía del trabajo sin ganas de fiesta y se iba a casa a cuidar de Javi.Con Candi todo eso cambió. Los tres volvieron a ser una familia.Pero, por algún ancestral e inescrutable estigma, el destino se empecinaba una y otra vez en destrozarle la vida.Cuando aquel domingo Emilio le telefoneó para salir en bicicleta, le parecía estar sumido de nuevo en una pesadilla brutal y truculenta. -          Oye Emilio, Candi está aquí, tirada en el suelo, creo que está muerta- Pobre Candi, con sus ojos lánguidos, sus pecas y su dulce sonrisa.-          ¡Aparejorejo!- Balbució Javi, sentado sobre sus propios vómitos, junto al cadáver.Vamos, ya queda poco. No me irá a entrar la pájara ahora que estoy llegando. Otra pedalada. Otra. Cada vez los pedales más duros. Es como picar en una cantera, como taladrar granito. El corazón en la boca, el pecho dolorido, aplastado, las piernas enervadas. Pero hay que seguir, aunque la vida ya no traiga cosas buenas, seguir a pesar del dolor y el agotamiento, seguir por pura y simple voluntad de vida. 

 

la partida

 

 

LA PARTIDA 

Miró por el retrovisor. La niña aún lo seguía con sus zancadas torpes y desgarbadas.Las hojas caían de los árboles como una lenta y constante lluvia de tristeza. Se alejó venciendo la tentación de detenerse. Ni lamentos ni arrepentimientos, se repitió a sí mismo apretando los dientes. La fue perdiendo de vista. Para siempre. En el asiento de atrás llevaba una maleta con sus pertenencias. Ropa y libros. Libros con las páginas amarillentas de tristeza, pensó.Se incorporó a la autovía.Una nueva vida empezaba para él. Otra mujer, joven, hermosa, fértil, lo estaba esperando con los ojos y el cuerpo llenos de amor. Se merecía otra oportunidad. Sonrió. Pero, no sé por qué, su sonrisa parecía más bien la mueca rota de un payaso o el rictus rígido de un cadáver.Los coches ya habían encendido las luces. Pasó junto a un geriátrico adornado con luminiscentes guirnaldas navideñas. Se negaba a reconocerlo, pero en el fondo se sentía asustado e indefenso como un reo. Tenía la sospecha de que una vez más se estaba equivocando, aunque esta enésima equivocación era ya irreversible, como los estragos que el tiempo causa en todas las cosas. Se levantó la niebla. Una niebla que olía a tristeza. Una niebla donde se ahogaba su pasado tormentoso. Una tristeza donde se ahogaba su vida. Una tristeza como un fluido que lo inundaba todo, la música de la radio, el neón del salpicadero, los furtivos reflejos de la ventanilla… Una tristeza que era mucho más fuerte que él. Volvió la cabeza para mirar la maleta. Tenía la sensación de que se había olvidado algo. Entró en un túnel. Ahora sólo se oía el persistente ruido del motor.  

 

ausencia

AUSENCIA 

Y con un nudo en el estómago vació su armario:su ropa, su chándal del colegio, su mochila, sus zapatos…Era navidad, y los supervivientes del dolorcantaban y brindaban por el nuevo año.Ya nunca más llegaría corriendo, a media tarde, en busca de su merienda,ya nunca más se le quedarían pequeños los jerseis,ya nunca más reverberaría su voz, ronca de pubertad, como un calor de multitudes llenando la casa.Miró por la ventana la calle cenicienta, el eterno olor de la posguerra,el viento helado que nacía en su corazón de madre,y a lo lejos, como gritos sin voz, las cruces del cementerio.El primer atardecer sin su pequeño.Le parecía un milagro que todavía sus piernas la sostuvieran en pie.¡Es tan difícil seguir entera, conservar la voluntad en los tendonesy la tensión en los nervios!¿Por qué es tan empecinada la vida?Se preguntó de camino a la cocina,cubiertos sus ojos por un negro velo. 

 

 

 

 

tierra prometida

 

¿Y es esta la tierra prometida que tanto busqué?¿Por qué entonces su sol no me calientani sus aguas calman mi sed?Presiento que para mí ya nunca volverá a amanecer,que navego a la deriva alejándome de todo lo que más quiero.Pones tus labios en los míos, mientras te cuento estas cosas,como quien besa los labios de un muerto.Siento que mi sangre se estanca en mis venasy se vuelven cecina mis sentimientos. 

 

 

 

 

un denso aliento

 

 

 

Un denso aliento de tristeza inunda esta habitación.Largos abrazos y besos dormidos que saben a sal.Se cruzan nuestras miradas como dos espadas de tristezay nuestros jadeos son una lucha ciega de antemano perdida.Nosotros, que en otro tiempo estallábamos de alegría, que nos reíamos del mundo, que jugábamos con el destino.Ahora la tristeza nos ha vuelto pequeños, vulnerables, sombríos.Es nuestro amor un pájaro abatido por disparos de tristeza, una hoja de hierba en medio del hielo.Y ya no dejaremos de estar tristespor muchas veces más que nos amemos.