certificado de defunción

 

 

CERTIFICADO DE DEFUNCIÓN

 

Las flores secas, deshojadas,

parecen dedos de esqueleto

deshechos sobre la lápida.

Las cruces alargan su sombra

y el sol se pone tras la tapia.

Demente gruñido de cerdos

en una granja cercana.

Por el camino de alcorce

se aleja una sombra enlutada.

El pueblo se apiña aterido,

se oyen pausadas campanas.

Cada cosa está en su soledad,

en la clépsida gotea el agua.

En la casa un reloj parado

y fotografías olvidadas.

Ya nunca abrirá sus ojos

ni su boca creará palabras.

Todo el amor, todo el odio,

degenerados en nada.

En medio de un pálido cielo

la luna es una guadaña.

 

 

 

 

 

 

 

 

LA VEJEZ DEL TENORIO

¿A dónde os fuisteis, amadas criaturas,

jóvenes bellezas hechizadas por un solo gesto mío?

Sin vosotras, mi casa es un frío panteón

donde los fantasmas del pasado

son mis únicos huéspedes.

Sólo se oye el solitario sonido de la cuchara en el plato

y el viento que ulula por la chimenea apagada.

Duelos, conquistas, aventuras de juventud,

sólo fuisteis un sueño de vanidad y lujuria.

El amor está tan lejos ya de mí,

que jamás volveré a sentir

su cálido aliento en mi almohada.

Arrastro por las calles mi estrella apagada,

mientras hordas de bárbaros ruidosos arrasan mi legado.

En todas partes han olvidado tu nombre,

ridículo pellejo desdentado.

 

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