curriculum

 

¡Qué difícil es vivir! Cada día nos examinamos  como padres, como amantes, como personas… Y basta con mirarnos al espejo para comprobar que, una vez más, hemos suspendido el examen final. Ese, por ejemplo, soy yo, aunque muchas veces soy otro, un rostro lujurioso, asustado, sin ningún heroísmo. Y de nada sirve el saber, la fuerza, el tener. Voy añadiendo errores a mi currículum, mientras me despeño inexorablemente por la pendiente de la soledad. Y así las estaciones se suceden, el mundo sigue siendo una concha cerrada, y sólo tu belleza, pienso algunas veces, hace a la vida digna de esa palabra.

 

 

 

Reina de la nada

 

Reina de la nada.

¿Dónde están tus muñecas, donde están los cuentos

que al calor de la lumbre tu madre te contaba?

¿Qué quimeras viniste a buscar aquí?

¿Crees todavía que la vida es aquella aventura dorada?

Mira ese paisaje hirsuto

que languidece y muere tras la ventana,

mira esos rostros brutales

bajo el neón melancólico de la barra.

No es esta la tierra prometida

que en tu cuarto despierta soñabas.

Reina de los burdeles de carretera,

de las sábanas sucias, de las noches sin mañana,

hermoso cuerpo de saldo,

pechos de fresa, tacones altos,

y ojos que han perdido el alma.

el camino más largo

 

 

 

¡Cómo os echo de menos!

¡Cuantas tardes de sol y noches de lluvia he pasado sin vosotras!

Después de tantos años de ausencia ya ni siquiera os conozco,

y no me extraña que desde hace tiempo dejarais de buscarme

por esos mares ignotos.

Siempre anduve perdido en pos de espejismos

por desiertos tormentosos.

Siempre busqué el camino más largo

para ir de un punto a otro.

absolutamente nada

 

 

 

ABSOLUTAMENTE NADA

 

Ella lo miró con arrobamiento. ¿Qué veía en él? Ya no era tan grande como antes. Feo, desgarbado, con los pocos dientes que le quedaban amarillos por la nicotina. Mírale, no sabe ni beber agua de la botella, pone los morros como un monito ciego buscando la teta de su madre. ¡Y qué viejo estaba! Dentro de unos años sufriría un infarto cerebral que lo postraría en una silla de ruedas como una piltrafa humana. ¿Qué haría ella entonces con lo joven que era?

Torpe, gafado, raro, demente, andrajoso, con las uñas negras, oliendo a sudor y a roña. ¿Qué había de bueno en él? Nada. Absolutamente nada, ni bueno ni conveniente. Le recordaba a un herrumbroso coche abandonado en un desguace. Pobrecillo.

Después de mirarlo en silencio, con un suspiro imperceptible apoyó la cabeza en su hombro. Él sintió que aquel gesto valía por todos los fotogramas de la lujuria. No eran necesarias palabras: el amor era aquella sensación cálida.

Un feriante de rostro malvado, disfrazado de trovador medieval, pasaba una tarjeta de crédito por un datáfono.

 

 

molinos de viento

MOLINOS DE VIENTO

 

Ridículo caballero andante que mal andas,

¿hacia qué nuevas desventuras guías las riendas

de tu famélico caballo,

atravesando yermos y paupérrimas aldeas

bajo el sol abrasador del mediodía,

perseguido por perros sarnosos que te ladran

y muchachos harapientos que se ríen de tu triste figura

y te arrojan piedras cuando pasas?

¿Es que no tuviste bastante con los yangüeses que te quebraron los huesos,

con los gigantes que resultaron ser molinos

girando y girando en medio de los vendavales de tu cabeza,

o con la aventura de la venta encantada

donde acabaste heroicamente manteado?

Pobre niño cincuentón.

Siempre derrotado, siempre burlado, siempre apaleado.

Enamorado de una hermosa dama que ni existe

y entregado a una causa perdida pero imposible.

Anda, tonto, devuelve al rincón de tus abuelos

las oxidadas armas y la abollada armadura

y aprende de la sabiduría de Sancho, de su pacífica condición,

pues para lo que vale esta perra vida

es mejor la nada que la locura.