retratos amarillentos

 

He visto tantos ataúdes, tantas caras de muerto,

tantas flores marchitas sobre las tumbas,

tantos retratos amarillentos,

tantos nombres que han perdido su significado,

tantas vidas como si nunca hubieran sido vividas.

Y de repente apareces tú

como el milagro de la resurrección de la carne.

Te quiero porque estás lejos de la fealdad y de la muerte,

porque hueles a esperanza y a lujuria,

porque tus jóvenes pétalos resplandecen,

porque tu cuerpo puro no sabe nada de enfermedades,

de funerales, de morbideces,

porque cuando suspiras, cuando gritas, cuando te corres,

el mal olor de la vejez se evapora de mi mente.

 

 

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