ceniza y nada

POLVO, CENIZA Y NADA

Los espectadores se fueron marchando de vuelta a sus oscuras realidades. Era como si de repente hubieran olvidado aquel drama que instantes antes tanto les había emocionado. Las miradas recuperaron su dura e inquisidora frialdad.

Tras el telón los operarios comenzaron a desmontar el escenario: la cama sobre la que se había copulado, la mesa donde se había comido, la ventana junto a la que ella había llorado, la puerta por la que él se había marchado…

A un operario se la cayó un martillo y al chocar contra el suelo de madera levantó volutas de polvo ceniciento. Al cabo de unos minutos todo el escenario desapareció, como si sobre aquella tarima de madera no hubiera existido nunca nada.

Los operarios se marcharon y un silencio intemporal sepultó al viejo teatro.

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