visitar a nuestros muertos

También hemos perdido la inocencia.

¡Qué le vamos a hacer!

Es lo que trae la edad y los desengaños.

Ahora nos dan risa las películas de terror

y ya no nos impresiona el milagro del arco iris.

No cerramos los ojos cuando besamos

y medimos la risa, el colesterol y el llanto.

Postrados ante la belleza de la juventud,

vamos teniendo cierto color de muerte en la expresión

y no nos esforzamos más por ser perfectos.

Nos basta con llegar enteros a fin de mes

y que sigan atados esos perros de presa

que de noche aúllan en la mente.

Avalar las deudas de los hijos,

y de vez en cuando visitar a nuestros muertos.

Herrumbre

Pueblos derruidos de la Alcarria, osarios exhumados,

cadáveres descompuestos en las laderas de las oscuras montañas.

Plazas enclaustradas en la paz de los cementerios,

casas enfermas, calles desiertas, mudas campanas.

Herrumbre, soledad y cretinismo.

Pedregosos caminos y carreteras cortadas.

Y un tren de alta velocidad que pasa sin detenerse

por estaciones cubiertas de abrojos

con calaveras en las ventanas.