un placer

  

 

 

No sé si fue el cansancio después de siete años de monomanía,

o simplemente esa dialéctica mecanicista que lleva a la decadencia

a todas las cosas de la naturaleza.

Al final, cada vez tenías que marcharte antes

y tus bellos ojos, cuando te hablaba, miraban para otra parte.

Conquistar una alegría era como escalar una montaña,

y ya apenas encontrábamos palabras con que rellenar

esos penosos y reveladores silencios que no eran complicidad.

Yo, que llegué a pensar que si Dios existiera

se manifestaría en la luz de tus ojos,

tengo que volver a aprender a sobrevivir en la oscuridad.

Hechas las particiones,

me quedo con la naturaleza muerta de los recuerdos,

la vida, la juventud y el futuro se van contigo.

Adiós, mi amor:

un placer, qué duda cabe, haberte conocido.

 

 

 

 

 

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