la diva
LA DIVA
Se llamaba Viky Garbo (María Angustias Palomino). Cordobesa. Era la diva de aquel burdel de carretera.
Fue por los años ochenta, ya por entonces era vieja como una sartén desconchada. Cantaba y bailaba sobre una tarima de madera, con sus plumas, su peluca y sus dientes postizos.
- ¡Pero un beso de amoooorrrrrr no se lo doy ni a mi abuela!-
- ¡A que estáis locos por ver un estristis, sementales!- Proponía insinuante a la goyesca concurrencia.
- ¡Eso, eso, dientitos, enséñanos los pellejos!- Aullaba burlonamente desde el fondo de la barra un borracho con la cara quemada, mientras le tocaba el culo a una jovencita de ojos inocentes.
La llamaban la dientitos porque a veces, cuando cantaba, al hacer un agudo, se le caía la dentadura superior.
Entonces la gran Viky Garbo empezó a desnudarse. Era un espectáculo más patético que ridículo.
Indignada por las estridentes carcajadas de aquel público brutal e ignorante, recogió sus plumas y sus dientes y se dirigió muy altiva hacia el telón ( que era una sábana mugrienta colgando del marco de la puerta del cuarto de bebidas), con tan mala suerte que uno de sus afilados tacones se introdujo en una ranura de la arqueada tarima y la incomparable artista perdió el equilibrio componiendo una figura estrafalaria, como una marioneta descoyuntada. Las carcajadas se volvieron ensordecedoras.
Vencidos personajes de la interminable posguerra: locos, putas, miserables, tullidos, solitarios…Pobre Viky Garbo. Ahora estará muerta. Pero un día debió haber sido joven, tal vez también yo lo fui.
NO HAY MAL QUE CIEN AÑOS DURE
- Aquí estamos, je, je, je, en el banco de la paciencia- rió el vejete desdentado que parecía una figurilla de un belén- , de desgracia en desgracia, esta cosa es mi mujer, pobrecilla, ahora le han tenido que cortar a la pobre los dedos del pie que le quedaba, ni siquiera le han cosido la herida, se la están curando a base de suero que dicen que es mejor, ya ve usté, primero perdió una pierna, luego la vista y ahora la otra pierna, je, je, je…-
- Lo peor es la vista- intervino la aludida removiéndose en su tacatá de madera-, las piernas al fin y al cabo, bueno, pero la vista…
- Si, es verdá, je, je, je, pero oiga, créame que yo todavía no he visto a esta bendita quejarse ninguna vez, sólo cuando le cortaron la pierna que me dijo “estoy un poco malita, Grego”, pero a los diez días ya estaba liada con su pata de palo, pin pan, pin pan, recorriéndose la casa de cabo a cabo, pa arriba y pa abajo, estuvo ocho días en el hospital hasta que me dijeron los médicos que tenía que llevármela a casa, pero ¿cómo?, no tengo dinero, ni nada, sólo el día y la noche, así que cogieron a la pobre y envuelta en una sábana que parecía un sudario me la sacaron a la calle, je, je, je, yo al verla me puse a pensar, qué hago, qué no hago, y con las mismas cojo y me voy a una ortopedia y le compro a plazos este pilón que lleva puesto, después la parroquia le regaló una pierna de esas modernas que parecen de verdá, pero la pobre no se apañaba, je, je, je, la pobre prefería ir arrastrándose por toda la casa, porque en la cama no para un instante, luego vino lo de la vista, je, je, je, antes por la tarde la ponía un rato junto a la ventana, pero ahora, como ya no ve nada, pues para qué…-
- Lo peor es lo de la vista, y tan pobres como somos, pasé por un tribunal médico y me dijeron que estaba apta, anda que si no llego a estarlo…-
- Yo no me aparto de su lado, apenas salimos de casa, ¿a dónde vamos a ir si no tenemos a nadie?, soy yo quien lleva el peso de la casa, una vez vino una chica muy guapa del ayuntamiento pero ya no quiso volver más, no sé porqué, je, je, je, pero bueno, lo importante es que somos un matrimonio feliz, con una hija que es artista y que no vemos desde hace muchos años, sabe usté, se llama Viky Garbo, pobres pero felices, de desgracia en desgracia, es verdá, para qué le voy a decir una cosa por otra, pero bueno, no hay mal que cien años dure, aunque nosotros ya estamos cerca de los noventa, je, je, je…-
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