visitar a nuestros muertos

También hemos perdido la inocencia.

¡Qué le vamos a hacer!

Es lo que trae la edad y los desengaños.

Ahora nos dan risa las películas de terror

y ya no nos impresiona el milagro del arco iris.

No cerramos los ojos cuando besamos

y medimos la risa, el colesterol y el llanto.

Postrados ante la belleza de la juventud,

vamos teniendo cierto color de muerte en la expresión

y no nos esforzamos más por ser perfectos.

Nos basta con llegar enteros a fin de mes

y que sigan atados esos perros de presa

que de noche aúllan en la mente.

Avalar las deudas de los hijos,

y de vez en cuando visitar a nuestros muertos.

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