un placer

  

 

 

No sé si fue el cansancio después de siete años de monomanía,

o simplemente esa dialéctica mecanicista que lleva a la decadencia

a todas las cosas de la naturaleza.

Al final, cada vez tenías que marcharte antes

y tus bellos ojos, cuando te hablaba, miraban para otra parte.

Conquistar una alegría era como escalar una montaña,

y ya apenas encontrábamos palabras con que rellenar

esos penosos y reveladores silencios que no eran complicidad.

Yo, que llegué a pensar que si Dios existiera

se manifestaría en la luz de tus ojos,

tengo que volver a aprender a sobrevivir en la oscuridad.

Hechas las particiones,

me quedo con la naturaleza muerta de los recuerdos,

la vida, la juventud y el futuro se van contigo.

Adiós, mi amor:

un placer, qué duda cabe, haberte conocido.

 

 

 

 

 

o ahora o nunca


esencia


el asilo

 

LA DIVA

 

Se llamaba Viky Garbo (María Angustias Palomino). Cordobesa. Era la diva de aquel burdel de carretera.

Fue por los años ochenta, ya por entonces era vieja como una sartén desconchada. Cantaba y bailaba sobre una tarima de madera, con sus plumas, su peluca y sus dientes postizos.

-         ¡Pero un beso de amoooorrrrrr no se lo doy ni a mi abuela!-

-         ¡A que estáis locos por ver un estristis, sementales!- Proponía insinuante a la goyesca concurrencia.

-         ¡Eso, eso, dientitos, enséñanos los pellejos!- Aullaba burlonamente desde el fondo de la barra un borracho con la cara quemada, mientras le tocaba el culo a una jovencita de ojos inocentes.

La llamaban la dientitos porque a veces, cuando cantaba, al hacer un agudo, se le caía la dentadura superior.

Entonces la gran Viky Garbo empezó a desnudarse. Era un espectáculo más patético que ridículo.

Indignada por las estridentes carcajadas de aquel público brutal e ignorante, recogió sus plumas y sus dientes y se dirigió muy altiva hacia el telón ( que era una sábana mugrienta colgando del marco de la puerta del cuarto de bebidas), con tan mala suerte que uno de sus afilados tacones se introdujo en una ranura de la arqueada tarima y la incomparable artista perdió el equilibrio componiendo una figura estrafalaria, como una marioneta descoyuntada. Las carcajadas se volvieron ensordecedoras. Hasta las cucarachas reían.

Vencidos personajes de la interminable posguerra: locos, putas, miserables, tullidos, solitarios…Pobre Viky Garbo. Ahora estará muerta. Pero un día debió haber sido joven, tal vez también yo lo fui.

 

 

 

 

 

                                           NO HAY MAL QUE CIEN AÑOS DURE

 

-         Aquí estamos, je, je, je, en el banco de la paciencia- rió el vejete desdentado que parecía una figurilla de un belén- , de desgracia en desgracia, esta cosa es mi Cipriana, pobrecilla, ahora le han tenido que cortar a la pobre los dedos del pie que le quedaba, ni siquiera le han cosido la herida, se la están curando a base de suero que dicen que es mejor, ya ve usté, primero perdió una pierna, luego la vista y ahora la otra pierna, je, je, je…-

-         Lo peor es la vista- intervino la aludida removiéndose en su tacatá de madera-, las piernas al fin y al cabo, bueno, pero la vista…

-         Si, es verdá, je, je, je, pero oiga, créame que yo todavía no he visto a esta bendita quejarse ninguna vez, sólo cuando le cortaron la pierna que me dijo “estoy un poco malita, Grego”, pero a los diez días ya estaba liada con su pata de palo, pin pan, pin pan, recorriéndose la casa de cabo a cabo, pa arriba y pa abajo, estuvo ocho días en el hospital hasta que me dijeron los médicos que tenía que llevármela a casa, pero ¿cómo?, no tengo dinero, ni nada, sólo el día y la noche, así que cogieron a la pobre y envuelta en una sábana que parecía un sudario me la sacaron a la calle, je, je, je, yo al verla me puse a pensar, qué hago, qué no hago, y con las mismas cojo y me voy a una ortopedia y le compro a plazos este pilón que lleva puesto, después la parroquia le regaló una pierna de esas modernas que parecen de verdá, pero la pobre no se apañaba, je, je, je, la pobre prefería ir arrastrándose por toda la casa, porque en la cama no para un instante, luego vino lo de la vista, je, je, je, antes por la tarde la ponía un rato junto a la ventana, pero ahora, como ya no ve nada, pues para qué…-

-         Lo peor es lo de la vista, y tan pobres como somos, pasé por un tribunal médico y me dijeron que estaba apta, anda que si no llego a estarlo…-

-         Yo no me aparto de su lado, apenas salimos de casa, ¿a dónde vamos a ir si no tenemos a nadie?, soy yo quien lleva el peso de la casa, una vez vino una chica muy guapa del ayuntamiento pero ya no quiso volver más, no sé porqué, je, je, je, pero bueno, lo importante es que somos un matrimonio feliz, con una hija que es artista y que no vemos desde hace muchos años, sabe usté, se llama Viky Garbo, pobres pero felices, de desgracia en desgracia, es verdá, para qué le voy a decir una cosa por otra, pero bueno, no hay mal que cien años dure, aunque nosotros ya vamos por los noventa, je, je, je…-

 

 

 

 

 

EL ASILO

 

Un cuerpo arruinado, encogido entre las sábanas, atenazado, cagado,

abandonado, consumido, escarado.

Tras las paredes se oyen voces dementes, puertas que se cierran,

pasos de fantasmas que van y vienen.

Angustiosa penumbra, angostos corredores, estertores, olor a mierda y vejez.

Así un día tras otra noche, ni rastro de vida, la muerte arañando los cristales,

sin futuro, sin fruto, sin esperanza, sin presente,

los ojos y la boca cubiertos de tierra, regüeldos de puré rancio,

pastillas para alargar la agonía, cucarachas por los rincones.

Y como única herencia el profundo dolor de la culpa.

¿No es la belleza una leve imagen extraviada de los sueños?

 

 

 

 

 

la diva

LA DIVA

 

Se llamaba Viky Garbo (María Angustias Palomino). Cordobesa. Era la diva de aquel burdel de carretera.

Fue por los años ochenta, ya por entonces era vieja como una sartén desconchada. Cantaba y bailaba sobre una tarima de madera, con sus plumas, su peluca y sus dientes postizos.

-         ¡Pero un beso de amoooorrrrrr no se lo doy ni a mi abuela!-

-         ¡A que estáis locos por ver un estristis, sementales!- Proponía insinuante a la goyesca concurrencia.

-         ¡Eso, eso, dientitos, enséñanos los pellejos!- Aullaba burlonamente desde el fondo de la barra un borracho con la cara quemada, mientras le tocaba el culo a una jovencita de ojos inocentes.

La llamaban la dientitos porque a veces, cuando cantaba, al hacer un agudo, se le caía la dentadura superior.

Entonces la gran Viky Garbo empezó a desnudarse. Era un espectáculo más patético que ridículo.

Indignada por las estridentes carcajadas de aquel público brutal e ignorante, recogió sus plumas y sus dientes y se dirigió muy altiva hacia el telón ( que era una sábana mugrienta colgando del marco de la puerta del cuarto de bebidas), con tan mala suerte que uno de sus afilados tacones se introdujo en una ranura de la arqueada tarima y la incomparable artista perdió el equilibrio componiendo una figura estrafalaria, como una marioneta descoyuntada. Las carcajadas se volvieron ensordecedoras.

Vencidos personajes de la interminable posguerra: locos, putas, miserables, tullidos, solitarios…Pobre Viky Garbo. Ahora estará muerta. Pero un día debió haber sido joven, tal vez también yo lo fui.

 

 

 

 

 

                                           NO HAY MAL QUE CIEN AÑOS DURE

 

-         Aquí estamos, je, je, je, en el banco de la paciencia- rió el vejete desdentado que parecía una figurilla de un belén- , de desgracia en desgracia, esta cosa es mi mujer, pobrecilla, ahora le han tenido que cortar a la pobre los dedos del pie que le quedaba, ni siquiera le han cosido la herida, se la están curando a base de suero que dicen que es mejor, ya ve usté, primero perdió una pierna, luego la vista y ahora la otra pierna, je, je, je…-

-         Lo peor es la vista- intervino la aludida removiéndose en su tacatá de madera-, las piernas al fin y al cabo, bueno, pero la vista…

-         Si, es verdá, je, je, je, pero oiga, créame que yo todavía no he visto a esta bendita quejarse ninguna vez, sólo cuando le cortaron la pierna que me dijo “estoy un poco malita, Grego”, pero a los diez días ya estaba liada con su pata de palo, pin pan, pin pan, recorriéndose la casa de cabo a cabo, pa arriba y pa abajo, estuvo ocho días en el hospital hasta que me dijeron los médicos que tenía que llevármela a casa, pero ¿cómo?, no tengo dinero, ni nada, sólo el día y la noche, así que cogieron a la pobre y envuelta en una sábana que parecía un sudario me la sacaron a la calle, je, je, je, yo al verla me puse a pensar, qué hago, qué no hago, y con las mismas cojo y me voy a una ortopedia y le compro a plazos este pilón que lleva puesto, después la parroquia le regaló una pierna de esas modernas que parecen de verdá, pero la pobre no se apañaba, je, je, je, la pobre prefería ir arrastrándose por toda la casa, porque en la cama no para un instante, luego vino lo de la vista, je, je, je, antes por la tarde la ponía un rato junto a la ventana, pero ahora, como ya no ve nada, pues para qué…-

-         Lo peor es lo de la vista, y tan pobres como somos, pasé por un tribunal médico y me dijeron que estaba apta, anda que si no llego a estarlo…-

-         Yo no me aparto de su lado, apenas salimos de casa, ¿a dónde vamos a ir si no tenemos a nadie?, soy yo quien lleva el peso de la casa, una vez vino una chica muy guapa del ayuntamiento pero ya no quiso volver más, no sé porqué, je, je, je, pero bueno, lo importante es que somos un matrimonio feliz, con una hija que es artista y que no vemos desde hace muchos años, sabe usté, se llama Viky Garbo, pobres pero felices, de desgracia en desgracia, es verdá, para qué le voy a decir una cosa por otra, pero bueno, no hay mal que cien años dure, aunque nosotros ya estamos cerca de los noventa, je, je, je…-

 

 

 

 

 

todo pasó

 

 

TODO PASÓ

 

-         ¡Señorita! ¡Señorita! – reverberaba la voz de la vieja a lo largo del pasillo- ¡Azucena!-

-         ¡Cállate ya, so vieja, o te ahogo con la almohada!- La amenazaba con voz cavernosa su compañera de habitación.

-         Ya me callo, ya me callo, perdona, ¿qué hora es?, te quiero, cielo, quiero que nos llevemos bien las dos- se disculpó la vieja con voz sumisa y zalamera, para acto seguido continuar llamando a voces a la celadora - ¡Señorita! ¡Señoritaaa! –

La vieja estaba atada a la cama. Una venda mugrienta le cubría un ojo y parte de la ajada mejilla. Tenía cáncer. La metástasis la estaba devorando como un depredador implacable y silencioso.

Fuera, tras la ventana, todavía era de día. El sol doraba los árboles con una promesa vivificante. Era primavera. La vida volvía a florecer. Excepto en aquellas habitaciones en penumbra. Todas las viejas estaban ya acostadas, pero no dormían. Pensaban en sus hijos y en sus nietos. Evocaban el pasado…

Hacía ya tantos años, ¿había ocurrido alguna vez?, una jovencita abierta de piernas con toda la fuerza de la lujuria mordiendo y ardiendo en su fértil epicentro. ¿Qué había pasado desde entonces? El primer embarazo, la esperanza, los dolores del parto que ya no cesarían nunca, los sueños a largo plazo, la felicidad que nunca llega. Y de repente un buen día, ahí estaba ya, mirándola desde el espejo: la vejez inexorable, la carne moribunda, el corazón apagándose irreversiblemente. Eso era todo, nada, una breve aventura intrascendente. ¡Qué vida tan extraña!, tan disipada, un hueco cacareo que acaba en el corredor del geriátrico. ¿Y aquellos sueños románticos?, ¿y los planes de futuro? Por cierto, tengo que desempeñar las joyas del monte de piedad. ¡Ay Señor!, se me ha acabado el tiempo y apenas he hecho nada.

-         ¡Señorita! ¡Señorita! ¡Azucena!-

 

 

 

las cosas perfectas

LAS COSAS PERFECTAS

Cuando se acerca la primavera, llena el aire un inquietante aroma de savia vivificante y las calles se pueblan de sensuales muchachas en flor. Son animales perfectos. Viéndolas tan hermosas, tan jóvenes, tan voluptuosas, ostentando su poderosa feminidad tras prendas livianas de vivos colores, oliendo a polen, con sus sonrisas de luz, con sus brillantes cabellos al viento, con sus ojos mágicos, con su ropa ajustada y sus escotes abiertos, con sus gestos cadenciosos y suaves como una lluvia henchida de pétalos generosos, con sus formas plenas, redondeadas y semidesnudas irrumpiendo juguetonas y prometedoras en la tierra fértil de la lujuria, tengo la certeza de que la continuidad de la especie está asegurada al infinito. Son otra raza superior, otra cosa mejor, se harán viejas ¿quién piensa ahora en eso?, avinagradas, pero antes de que eso ocurra ya estará preparado otro reemplazo de bellezas en forma de brotes duros, blancos, incipientes seducciones, tiernos encantos menores de edad, peligrosas tentaciones.

Copular, aunque sea por última vez, con una de esas preciosas ninfas es un milagro, lo es todo, lo digo por experiencia. Lo demás es sólo la triste ausencia de ellas. Son las únicas cosas perfectas, lo único en el mundo que no huele a muerte.

radiografía

 

 

 

RADIOGRAFIA

¿Te has sentido alguna vez roto por dentro?

¿Con las vísceras invertidas, como si ninguna pieza encajara

en el rompecabezas de tu cuerpo?

¿Como si el corazón estuviera en el estómago

y en el bajo vientre el cerebro?

¿Como si tus manos fueran pies

y tus pulmones al inspirar se llenaran de arena?

¿Como si tragaras cristales rotos

y mearas trozos de tristeza, celos, violencia, soledad, miedo…

Enterrado en el ataúd de tu habitación o deambulando por las calles

desposeído, olvidado, tembloroso y con palidez de muerto.

Me he sentido así tantas veces que no conozco otro sentimiento.

Así me siento ahora sin ella.

Sólo con ella me sentía peor.

 

 

 

 

 

 

 

 

Aposté por tu excitante cuerpo.

Creía que en tu joven belleza  y en tu sexo tierno

se encerraba el secreto de todas las cosas.

Que tu piel desnuda rezumaba en la cópula sabiduría y luz.

Pero no se puede vivir durante tantos años

obsesionado con un solo alimento.

Ni siquiera los animales podemos.

¡Ojalá fuera verdad alguna de las mentiras

en las que quiero seguir creyendo!

 

 

 

radiografía

RADIOGRAFIA

¿Te has sentido alguna vez roto por dentro?

¿Con las vísceras invertidas, como si ninguna pieza encajara

en el rompecabezas de tu cuerpo?

¿Como si el corazón estuviera en el estómago

y en el bajo vientre el cerebro?

¿Como si tus manos fueran pies

y tus pulmones al inspirar se llenaran de arena?

¿Como si tragaras cristales rotos

y mearas trozos de tristeza, celos, violencia, soledad, miedo…

Enterrado en el ataúd de tu habitación o deambulando por las calles

desposeído, olvidado, tembloroso y con palidez de muerto.

Me he sentido así tantas veces que no conozco otro sentimiento.

Así me siento ahora sin ella.

Sólo con ella me sentía peor.

Aposté por tu excitante cuerpo.

Creía que en tu joven belleza  y en tu sexo tierno

se encerraba el secreto de todas las cosas.

Que tu piel desnuda rezumaba en la cópula sabiduría y luz.

Pero no se puede vivir durante tantos años

obsesionado con un solo alimento.

Ni siquiera los animales podemos.

¡Ojalá fuera verdad alguna de las mentiras

en las que quiero seguir creyendo!

Ya no vendrá otro Ulises

¿Y es este aquel Ulises del que hablaban las leyendas?

Parece extranjero en su propia casa.

Apenas habla en la mesa,

y ensombrece su rostro una expresión de ausencia.

Acaso lo hechizaron las sirenas

para que olvidara el camino de regreso a su patria.

Ya no lo siguen valerosos guerreros esperando sus órdenes,

ni en su puño refulge la espada poderosa.

Itaca es ahora una ciudad de mercaderes

con modernas urbanizaciones en su abrupta costa.