Nunca
Nunca tuve nada.
Con los ojos vendados iba dando tumbos
aferrándome a dogmas de frágil cristal.
Otros tenían a Dios, certezas políticas u otras mentiras motoras,
o simplemente seguridad en sí mismos.
Pero yo no tenía nada, ni siquiera un equipo de fútbol.
Rodaba por la pendiente de la vida
arrastrando e hiriendo a los que tenía más cerca.
Payaso, por momentos, es lo más que llegué a ser.
Ahora, que me estoy muriendo, sigo sin tener nada,
y siento que la vida es un cuento
de aquellos que en las tardes de tormenta
nos contaban los maestros del Régimen.
Un papel roto en mil pedazos que el viento dispersa.
Nunca tuve nada, sólo un montón de miedo.
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