una clase de boxeo

UNA CLASE DE BOXEO

El boxeo será tu amigo más fiel. Se fiel tú a él. Te exigirá mucho, todo. Tendrás que entregarle tu cuerpo y tu mente hasta la extenuación. Cuando sientas que te falta el aliento, que te fallan las piernas, que no puedes más, tendrás que encontrar fuerzas como sea para seguir en pie, con la guardia levantada, sacando directos, buscando el hueco por donde meter tus golpes, avanzando, retrocediendo, procurando sujetar las riendas de tu miedo y de tu odio. Te conocerás a ti mismo, descubrirás que nada es fácil, que hay mil posibilidades de ser vencido, pero si eso ocurre, no pienses que no ha servido de nada tanto esfuerzo, crecerás, te transformarás por dentro.

Respeta siempre al enemigo, no lo pierdas de vista jamás, no le des la espalda, no cierres los ojos, no hagas caso del dolor ni del cansancio, no te abalances detrás de tus golpes, esquiva, no dejes de moverte, no tengas esperanza, no desesperes, olvídate del tiempo, no llores, no implores, no hagas caso de la sangre, sigue adelante, gira el cuerpo, suelta el brazo. Si eres vencido que sea como boxeador, no pierdas la compostura, sé boxeador siempre, olvida el orgullo, la vergüenza de la derrota, la fatal presunción de la victoria. Sé humilde, entrena mucho, procura aprender de los que más saben.

Y cuando bajes del ring sigue siendo boxeador, cuando salgas a la calle, cuando te enfrentes con peligros innobles y traicioneros. Tus puños son como el puñal del legionario, son armas que llevas pegadas a tu cuerpo, son tus armas. Sé frío, sé astuto, sé vengativo. La hiena es mejor boxeador que el león. Sé como la hiena, inteligente, fuerte, pero sobre todo constante.

Pero, no lo olvides nunca, si tienes alguna posibilidad de huir, corre, no te dé vergüenza, no se trata de valor. Evita siempre el combate, no lo busques, cámbiate de acera, pero si al final tienes que pelear, en cualquier aspecto de la vida: ¡Sobrevive!

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