nunca nadie
Hace años que no he vuelto por allí.
Frías cenizas se amontonarán en la chimenea,
y los libros, viejos y polvorientos,
permanecerán cerrados en un extraño e inútil silencio.
Sobre la repisa, llaves olvidadas y fotos de amores muertos.
Algún juguete abandonado en el pasillo,
y una cama desangelada, sin calor de cuerpos,
sin amaneceres tras la ventana, sin latidos, sin sueños.
Un balón desinflado en el tejado
y en el jardín hojas secas que arrastrará el viento.
Ya nunca nadie volverá a abrirme aquella puerta
cuando el sol dore el camino de regreso.
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